En el Perú, muchas mujeres afrontan obstáculos que limitan su acceso al crédito formal, lo que perjudica su dependencia económica. Aún cuando desean emprender o formalizar un negocio, reciben negativas por carecer de historial financiero, propiedades a su nombre o garantías solicitadas por la banca tradicional. Esa realidad deja a miles fuera del mercado crediticio.
No obstante, frente a ese panorama adverso, algunas mujeres decidieron no esperar más: acudieron a esquemas alternativos de financiamiento con enfoque de género, que reconocen sus condiciones de vida y les ofrecen un camino hacia la autonomía. Es así como encuentran una oportunidad para cambiar sus historias.
Solo el 54 % de las mujeres tiene acceso al sistema financiero formal, frente al 63 % de los hombres. Además, cuando logran acceder a un crédito, los montos asignados solían ser hasta un 30 % menores que los que reciben los hombres, de acuerdo a la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP. Este sesgo no es ajeno a estereotipos de género: muchas mujeres han sido descartadas bajo la suposición de que "no entienden" de finanzas, reforzando una exclusión sistemática.
Eso fue precisamente lo que vivió "Carmen", una mujer de la región San Martín. Desde joven intentó emprender, pero los bancos le dijeron que era "muy joven", que no tenía garantías ni historial crediticio. La vivienda familiar, sin título a su nombre, no servía como aval. En ese contexto, el acceso al financiamiento formal se convirtió en un muro difícil de traspasar.
Ante la negativa de los bancos, surgen iniciativas como CrediMujer, promovida por Movimiento Manuela Ramos, que ofrecen créditos solidarios a mujeres excluidas del sistema bancario tradicional. A través de "bancas comunales", grupos de entre 15 y 20 mujeres, se organizan para acceder a fondos, repartir riesgos y apoyarse mutuamente. Las socias determinan democráticamente quién recibe el crédito, cómo repartirlo y establecen un fondo común de ahorro para emergencias.
Ese modelo rompe con los requisitos convencionales de la banca: no se exige título de propiedad, ni aval, solo DNI y el compromiso del grupo. Así, muchas mujeres encuentran una puerta de entrada al emprendimiento.
El crédito, sin embargo, no viene solo. En CrediMujer, las socias reciben talleres periódicos sobre educación financiera, derechos de las mujeres, prevención de la violencia de género, salud mental y desarrollo personal. Gracias a ese acompañamiento, mujeres que antes dependían económicamente de sus familias o parejas comenzaron a tomar decisiones por sí mismas, a invertir en sus propios negocios y a construir un proyecto de vida independiente.
Para muchas, ese préstamo inicial representó un punto de inflexión: una heladería, una panadería, un negocio de productos de belleza, una agencia de servicios tecnológicos; emprendimientos que hoy sostienen familias enteras y permiten enviar a sus hijos a la universidad, cambiar de vivienda o acceder a salud.
Muchas comunidades carecen de entidades bancarias, hay barreras de infraestructura, conectividad y escasa presencia institucional. Esto limita no solo la entrega del crédito, sino su uso efectivo y sostenible, por lo tanto, la brecha de género en financiamiento no puede entenderse como un asunto aislado de dinero.