Aunque el Perú cuenta con planes nacionales, regionales y locales, instrumentos técnicos consolidados y sistemas administrativos formales, en la práctica el presupuesto público no responde a las brechas territoriales. Esa fue la principal conclusión de la segunda mesa del proyecto "El Estado en el Territorio: Nuevas rutas para la descentralización", donde especialistas advirtieron que existe una profunda desconexión entre la planificación territorial y la asignación del gasto público.
En este espacio, impulsado por el Instituto de Estudios Peruanos y el Grupo Propuesta Ciudadana, un evento que fue organizado conjuntamente con el Programa GFP Subnacional, con el apoyo de Suiza, se abordó uno de los problemas estructurales del Estado peruano: la brecha entre lo que se planifica y lo que efectivamente se financia. Durante el encuentro, el economista Carlos Casas fue enfático al señalar que "la correlación entre el presupuesto y la pobreza es prácticamente cero", una evidencia que revela que la asignación de recursos no sigue criterios territoriales ni responde sistemáticamente a los niveles de necesidad. "Se puede tener un buen diseño, pero cuando se implementa no se hace de manera adecuada", sintetizó.
El resultado es un gasto que sigue una lógica inercial y sectorial, antes que territorial. No necesariamente se asigna más presupuesto donde hay mayores brechas. A ello se suman fallas estructurales: débil coordinación entre niveles de gobierno, ausencia de incentivos vinculados a resultados territoriales, escasa cultura de monitoreo y limitadas capacidades de gestión en gobiernos subnacionales.
La evidencia presentada advierte que el problema no es la falta de instrumentos. El Perú tiene marcos normativos, sistemas administrativos y mecanismos de planificación formalmente establecidos. El problema surge cuando estos no influyen de manera real en las decisiones presupuestales.
Sin embargo, los especialistas coincidieron en que no se trata de empezar desde cero. La investigadora Carolina Trivelli planteó avanzar con una estrategia de doble vía: fortalecer herramientas que ya funcionan, como el presupuesto por resultados y los proyectos especiales de inversión, mientras se corrigen los cuellos de botella institucionales que impiden que el dinero siga al plan.
Del diálogo surgieron siete medidas prioritarias que los expositores y comentaristas identificaron como rutas viables para reconectar la planificación territorial con el presupuesto:
El mensaje final del diálogo fue claro: el problema no es únicamente técnico, es político. Mientras el presupuesto no tenga una brújula territorial clara, la descentralización seguirá siendo un diseño en el papel. Convertir el gasto público en una herramienta real de cierre de brechas exige decisión política, coordinación efectiva y una reforma que conecte, por fin, el plan con el territorio.